Rol: Sobre la consistencia de la fantasía

Uno de los mayores recursos de nuestras mentes es la imaginación. Es una poderosa herramienta capaz de crear y destruir mundos. Pero como todo poder, ha de ser usado con responsabilidad.

Un exceso de fantasía hace a una historia quedar antinatural e incoherente. Nuestras mentes están diseñadas para poder prever los sucesos del mundo, el cual cumple la causalidad y leyes inmutables. Si te tiran una pelota a la cara, sabes que o la bloqueas o te dará un golpe. Si la pelota rebota con algo y finalmente te golpea, aunque te cubras, no te gustará, pero sabrás que es algo coherente y un fallo en tu previsión. Sin embargo, si la pelota se teletransporta detrás tuya y te golpea, te molestará más, pues no había modo alguno de prever algo tan implausible en este mundo, sentirás además del porrazo haber sido engañado.

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Algo parecido pasa con la fantasía. Una vez introducidas las leyes del mundo fantástico, éstas han de mantener su coherencia o tendremos la sensación del absurdo incalculable. No tiene por qué ser un sistema de leyes estrictas, pero sí una coherencia base como por ejemplo “las personas se pueden transformar en monstruos y el protagonista es absolutamente invencible”. Pero si no somos capaces de comprender el mundo tal y como lo hacen nuestros personajes, no seremos capaces de interiorizarles y crear una verdadera conexión. Si las cosas suceden “por arte de magia”, sin nada que lo justifique, la realidad de ese mundo se desmorona. Por tanto, un exceso de fantasía o la falta de coherencia en esta genera desapego, algo que se ha de evitar a toda costa en la ficción.

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La mejor forma (en mi opinión) de evitar este tipo de cosas es seguir el ejemplo de Tolkien  y darle profundidad al mundo ficticio. Cuanto mayor sea la cadena de causalidad de un mundo, más fácil será comprender cómo funciona y mejor definidos quedan los elementos menores (los detalles como la gastronomía, festejos o costumbres). Si bien Tolkien no comenzó por el principio, sí que volvió a a este paulatinamente para comprender mejor a los habitantes de la Tierra Media y dotarles de mayor realismo, abarcando desde la creación del mundo hasta los distintos choques entre culturas y el resultado de estos.

Incluso la mitología, que está dentro de las fantasías más disparatadas, cumple cierta lógica. Por ejemplo, Loki podrá transformarse en lo que quiera, pero Thor sigue siendo más fuerte que él no imparta la forma que tenga. Por otro lado, una fantasía desbocada contradice la rareza que intenta crear. No se supone que la rareza sorprenda por ser algo aleatorio, sino por ser una lógica oculta y distinta a lo que estamos acostumbrados. Un ejemplo de esto nos lo proporciona el mundo de Dark Souls. Cuando se encuentra algo en ese mundo que sorprende, lo que hace es desafiar la idea que se tenía de la estructura del mundo, dejándonos entrever que existe algo que no habíamos considerado.

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Para terminar, me gustaría matizar de que existen excepciones, pues algunos fantasías en concreto están mejor sin coherencia. Principalmente, esto se da en aquellas cosas que trascienden la comprensión humana, pues la irracionalidad de sus elementos nos da a entender que si bien existe algún tipo de coherencia subyacente, es algo que está más allá de nuestras capacidades. El máximo representante de este estilo de fantasía es claramente Lovecraft y aún con todo sus relatos siguen manteniendo una estructura coherente.

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