El juego como desafío

¿De donde procede el deseo de jugar? Es un tema discutible, a mi me gusta la versión de Bernard Suits “jugar a un juego es el esfuerzo voluntario por superar obstáculos innecesarios”. Dejando aparte las bases de la pirámide Máslow (fisiología, seguridad y afiliación), nos encontramos que el ser humano busca continuamente reconocimiento y autorealización. Pero, insisto, ¿de dónde procede ese deseo de enfrentarse a obstáculos? En mi opinión, de la capacidad de superarlos.

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El deseo es una llama que nos empuja a buscar cosas con las que alimentarla. Sin ese fuego insaciable se cae en la complacencia y el letargo, que no aporta nada a nadie. Pero de la misma forma que no todos los materiales arden, no todas las personas pueden satisfacer su deseo de la misma manera. Toda persona tiene sus potenciales. La mayoría de ellos permanecen latentes, usando el deseo poder desarrollarse lo bastante mediante la experiencia y el conocimiento que esta genera.

Los juegos sirven para desvelar ciertos potenciales que de otro modo quedarían inertes. Basta con ver las grandes obras de arquitectura e ingeniería realizadas en el mundo de Minecraft, la increíble concentración y velocidad de pensamiento de alguien jugando a niveles avanzados de Tetris o la sutileza y complejidad de las jugadas de un maestro de ajedrez.

Además, el deseo toma con frecuencia la forma de desafío, una dura prueba que requiere ser mejor de lo que se es para superarla. En esto los juegos son excelentes pues otorgan una meta clara sobre la que alzarse victorioso (como conseguir un logro, superar una puntuación o vencer a un boss) y para ello uno necesita “git gud”. Sin embargo, esta forma de satisfacer el deseo entraña un peligro, la caja de Skinner. Resulta muy fácil manipular a los jugadores mediante refuerzos positivos, proporcionando pequeñas metas sin significado con el único fin de que permanezcan jugando y una vez enganchados a la secuencia de refuerzos positivos, exigir dinero para que esta continúe.

git gud

El deseo implica pues el gusto, que es la capacidad de alguien para apreciar algo. De tal manera, a una persona reflexiva le gustarán pues los juegos de estrategia y una persona inquieta preferirá aquellos que pongan a prueba sus reflejos. O el gusto por lo grotesco, que consiste en apreciar lo sublime en lo horrible. Pero el gusto así como el deseo insatisfecho tiene otras implicaciones con las que divagaría demasiado, así que mejor cortar por lo sano

 

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